viernes, 26 de octubre de 2007




CABALLOS Y LITERATURA EN LA OBRA DE
DARÍO VÁSQUEZ SALDAÑA

Texto de presentación del libro Nuevos relatos amazónicos de
Darío Vásquez Saldaña

Por Luis Salazar Orsi,
literato y compositor amazónico.

La literatura sanmartinense se enriquece este año con la obra narrativa de Darío Vásquez Saldaña. En estos tiempos, cuando se ve que publicar un libro es tan fácil, es, en cambio, muy difícil encontrar literatura bien escrita, redactada con corrección e impresa adecuadamente. Es decir, en nuestro medio no es fácil encontrar ni leer buena literatura.

Por ello nos congratula enormemente presentar en esta ocasión un libro ameno, escrito con pasión, con humor y con responsabilidad: los Nuevos relatos amazónicos, del profesor sanmartinense Darío Vásquez Saldaña.

Pienso que el autor ha hecho fortuna literaria con el tema equino, pues obtuvo su primer premio internacional en 1988 con el relato Confesiones de un caballo, título que da nombre a su primer libro, publicado en 2004. Su segundo trabajo, éste que hoy presentamos en esta ocasión, Nuevos relatos amazónicos, trae, asimismo, entre otros textos interesantes, un relato que el autor ha colocado intencionalmente en el centro de la obra y que es, según mi criterio, el mejor texto del libro. Es el relato denominado El Cholo, cuyo personaje central es también un caballo, como en el caso anterior. Ambos textos son autobiográficos, pero el segundo es más intenso, entretenido y convincente, pues, como sostiene el mismo autor, la relación de mutua simpatía entre un hombre y un animal es un fenómeno muy particular que roza con lo misterioso, y que a no todas las personas les es dable experimentar en su vida y, si lo viven, les enriquece para siempre. ¿Quién no ha oído hablar de la lealtad de un perro, de un caballo, de un chancho y hasta de un tucán, hacia sus dueños?

En la literatura universal encontramos casos memorables de esta interesante coyunda anímica de humanos con irracionales, como es, por ejemplo, la valiente mangosta de nombre onomatopéyico, Rikki Tikki Tavi, que vence a las temibles cobras de la India en defensa de sus dueños, o el sabio protagonista del relato denominado El gato que iba solo, ambos personajes del escritor inglés Rudyard Kipling; el zorro domesticado por El principito, en la célebre alegoría de Antoine de Saint-Exupéry, o Gulsarí, el noble caballo que protagoniza la novela Adiós, Gulsarí del escritor kazajo Chinguiz Aitmátov.

En la literatura latinoamericana recuerdo a los personajes protagonistas de varias novelas del escritor brasilero José Mauro de Vasconcelos: un caballo volador nombrado “Xururuca” e ideado a partir de la copa de un pequeño naranjo por un niño-poeta; una grácil lagartija enamorada de un hombre con voz de bajo; un tigre de bengala domesticado por un niño príncipe japonés; un sapo llamado Adán, que vivía dentro del corazón de un niño que despertaba a la adolescencia. Asimismo, puedo mencionar al goloso Marqués de Rabicó y al elegante Príncipe Sardina que encontramos en las Travesuras de Naricita de otro famoso escritor brasilero, José Bento Monteiro Lobato.

La historia del corazón del niño que era un sapo que se llamaba Adán es impresionante y muy ilustrativa de las posibilidades que tienen estas escenas como tema literario. El niño de la novela de Vasconcelos, cuando hacía mil travesuras en la escuela o en su barrio, se sentía el más solitario de los humanos, pero Adán, el sapo que vivía dentro de su corazón, le acompañaba, le alentaba y le consolaba en estos difíciles momentos. Adán era su única compañía. Por eso, el niño protagonista de la novela lo consideraba su mejor amigo y le decía al sapo que no se fuera nunca de allí, que ambos eran los mejores amigos del mundo, etc. Pero Adán le dijo un día: “Lo siento, José. Un día llegará en que tendré que irme. Será el día en que conozcas el amor.” Y así fue. Cuando el niño se enamoró de una grácil muchachita de la escuela, encontró al sapo Adán fuera de su corazón, con un sombrerito, una bufanda alrededor del cuello y una maletita de madera. Se iba de viaje para siempre, pues el niño había dejado de ser niño y, conociendo el amor, se había hecho adulto.

En la literatura nacional, recordemos a los dos burros, amigos y entrañables camaradas de César Vallejo y José María Arguedas y a la grácil lagartija que se casó con su novio don Cañán, de la poeta piurana Elvira Castro de Quirós.

En la literatura regional, considerando que nuestra región está poblada de animales domésticos y animales del bosque, tenemos a muchos de ellos en su calidad de personajes literarios: el majás, la garza, el grillo y la pinsha, el paiche, la sachavaca, un caballito de nombre Oliverio o un ciempiés, recreados por diversos autores, entre los que encontramos a Germán Lequerica Perea, Orlando Casanova Heller, Germán Martínez Lizarzaburu, José Luis Salazar Saldaña, entre otros.

En este libro que presentamos esta noche, podemos leer un hermoso y sentido texto de homenaje a la vida y andanzas de El Cholo, un caballo que, en las palabras del autor fue, “el más fiel amigo, mi confidente, camarada irremplazable y, en la práctica, mi compañero de estudios.”

Para terminar, permítanme comentar con grandes pinceladas y breves reflexiones las cualidades de este libro.

Primero. El estilo personal que el autor aún se encuentra forjando es empleado en esta obra en forma intensa, asequible y convincente. Pienso que, al escribir su libro, el autor ha puesto su atención en el jacarandoso estilo de las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma, escritor que mezcla armónicamente, en un todo uniforme, gracia, desenfado, broma, talento, enjundia, chispa, picardía, malicia y tomadura de pelo.

Segundo. La tenaz voluntad literaria del autor me da la impresión que ya se encontraría en condiciones de asumir géneros mayores, como el relato extenso y la novela. Por ejemplo, le suelto una idea: que el relato El Cholo podría convertirse en el futuro en una novela sobre aquel noble animal que protagonizó tantas peripecias vividas por el autor en su compañía.

Tercero. Dentro de la literatura amazónica, considero que los relatos de Darío Vásquez Saldaña se encuentran emparentados con la narrativa testimonial, a menudo autobiográfica, y no con la tendencia mágica de la literatura regional, que ilustra generalmente hechos maravillosos que suceden en medio de la vida cotidiana de los hombres de la Amazonía.

Cuarto y final. Ahora que el Ministerio de Educación está considerando obligatoria la inclusión de las literaturas regionales y locales en la currícula de las áreas de Comunicación y Arte, pronto los libros de autores regionales, como Nuevos relatos amazónicos, se harán imprescindibles en la biblioteca de cualquier profesor amazónico y sanmartinense y de todos los escolares de nuestra región. Porque entonces las obras más famosas de los escritores nacionales y extranjeros irán de la mano con las de los escritores locales, en la serie de lecturas, textos para analizar, leer y memorizar el arte escrito.

Invito, pues, a todos los presentes, profesores de aula o padres de familia, público moyobambino amante de la cultura, a comprar el libro al mismo autor, en esta ocasión en que nos visita personalmente en Moyobamba, y a brindar, de este modo, una voz de apoyo y confianza a Darío Vásquez Saldaña, la forma más adecuada de felicitarle por su nueva producción literaria, de alentar sus huellas en el difícil arte de las bellas letras y de contribuir eficazmente con la cultura sanmartinense, para empezar a quebrar la tozudez de los funcionarios indiferentes y de las sordas autoridades, y hacer desaparecer la literatura shegue, mediocre y oportunista, que campea a su gusto en todos los rincones del país y especialmente en nuestra región.


Luis Salazar Orsi

Moyobamba, San Martín, Perú, 3 de octubre de 2007.
@Foto: Paco Bardales (Diario IQT)


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